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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Las Meninas en la FIL: El ensayo del ensayo

No te engañan tus ojos: como en un juego de espejos foucaultiano, en un eco escenográfico de Las Meninas, la foto retrata a una chica -de la que sólo vemos su pelo- en el momento en el que con la cámara de su móvil está fotografiando precisamente la escena que aparece al fondo de esta foto. La foto que contemplas -la de la chica del móvil haciendo una foto a la escena que recoge la foto de mi cámara- fue tomada en la Feria del Libro de Guadalajara, México, con motivo de la presentación de dos libros de la colección Voces/ Ensayo que dirijo en la editorial Páginas de Espuma. En la foto, seis quinceañeras se aprietan bien contra Vicente Luis Mora que, como haciéndose el desentendido con lo que sucede a su alrededor, se abstrae ensimismándose en el recuerdo de su último viaje a Venecia mirando el cartel oficial de la FIL, cuyo país invitado ha sido este año Italia.


Flanqueado por Jorge Volpi y Vicente Luis Mora, ejercí de presentador, moderador y schowman en una de las múltiples mesas redondas y actos que se ofertan durante la celebración de la FIL de Guadalajara. El título de la presentación era muy explícito: Mentiras contagiosas/ Pasadizos, haciendo referencia a sendos títulos de libros escritos por ambos autores. En el Salón Mariano Azuela, en la planta alta de la zona de Negocios de la FIL, la convocatoria de las 19:00 horas tenía previsto contar con un público escaso, de edad provecta y con un interés en el pensamiento, la filosofía y la crítica literaria. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando, bajo el cartel de "No hay cupo" (como en los estrenos musicales y/u operísticos, o en los mejores carteles de Las Ventas en la Feria de San Isidro) encontramos la sala llena hasta reventar, pero de jóvenes quiceañeras que hicieron cola para asistir a una presentación de libros de ensayo. Como moderador tuve que replantearme el enfoque de la charla, y tras los titubeos iniciales y, sobre todo, con la ayuda de los dos autores, conseguimos captar la atenciçon de nuestro público que se mostró interesado, cautivado e incluso entregado.

Con la excusa del género del ensayo literario tuve ocasión de traer a cuento las palabras del chileno Martín Cerda, que en su libro La palabra quebrada, ensayo sobre el ensayo (recientemente editado por la Editorial 27letras), nos subraya que "lo verdaderamente esencial en cada ensayo no reside en el objeto de que se ocupa, sino, más bien, en las preguntas a que lo somete discreta y, a la vez, radicalmente". Volpi y Mora se identificaron con Cerda cuando recuerda el pensamiento de Montaigne que sostiene en sus Ensayos (publicados en impecable edición por Acantilado) que "yo mismo soy la materia de mi libro". Volpi y Mora confesaron la promiscuidad en su relación con los géneros, de tal manera que necesitan, como expresión de sí mismos, visitar y ensayar indistintamente con la novela, la poesía o el ensayo literario; es más, ambos se inclinan cada vez más por la escritura híbrida, que mezcla los géneros y los proyecta con un efecto amplificador.

El escritor de ensayo, coincidieron ambos, practica la escritura fragmentada o fragmentaria, y ambos compartieron con Cerda la opinión de que "el ensayista disiente casi por definición sobre todo de las conclusiones fáciles que reclutan adherentes a granel, [...] en este movimiento incesante, el ensayista erosiona cuanto escribe [...] con ello se coloca en la posta de la libertad".

El cine de Orson Welles, la poesía de Leopardi o Mallarmé, el lenguaje arquitectónico más vanguardista, la novela como género, la creación del espacio poético, el diálogo entre arte y arquitectura, la novela como virus, la obra de Bolaño, son ejemplos de las obsesiones que han suscitado la reflexión y el rumie de Volpi y Mora. En la presentación desplegaron un diálogo creativo que sedujo a una audiencia atípica, quinceañera y entregada a la tecnología móvil que, si algo sacó en claro es que el ensayo no responde al tópico sesudo que se había imaginado, y que un autor de ensayo literario no tiene porqué ser un viejo sesentón y canoso, encerrado en su despacho y aislado del mundo. El escritor de ensayo puede tener tanto tirón mediático como un cantante pop, al menos en el imaginario colectivo de estas quinceañeras del estado de Jalisco.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Pasadizos: I Premio Málaga de Ensayo

Uno de las motivaciones de este mi blog personal es compartir contigo mi actividad como editor de ensayo. Cumpliría mi objetivo si lograra suscitar tu curiosidad, provocarte directamente para que te animaras a leer, o al menos a ojear y hojear, alguna de mis propuestas editoriales.

Una de ellas ha sido ésta que te reseño: Pasadizos: espacios simbólicos entre literatura y arte, del cordobés Vicente Luis Mora. Ahora que no me oye, Mora es de esos autores que no sabes por donde hincarle el diente: es novelista, es poeta, se atreve con ensayos sobre la nueva sociedad producto de la revolución de las nuevas tecnologías... Además es alto, compacto, muy serio y con un aire a estética cool, y algún maledicente periodista le ha colgado el sanbenito de miembro de la generación nocilla, algo que, conociéndole, no sé si le ha hecho mucha gracia.

En 2007, en colaboración con el Instituto Municipal del Libro de Málaga, desde editorial Páginas de Espuma convocamos el I Premio Málaga de Ensayo, para manuscritos originales de género no ficción.
Una de mis tareas, a parte de leerme la cantidad de manuscritos que llegaron a concursar, fue seleccionar el grano de la paja. Te puedo garantizar que cada españolito de pro tiene una novela inédita guardada en el cajón de su mesilla, pero hay una cantidad nada despreciable de frikis que, cual francotiradores, atesoran joyas ensayísticas sobre temas variopintos: desde un tratado sobre los cuernos (los otros, no los taurinos), hasta una colección de encuentros en la tercera fase.
El jurado del premio fue de lujo; formamos parte de él Rafael Argullol, filósofo y escitor; Estrella de Diego, escritora y profesora de Arte Contemporáneo; Javier Gomá, filósofo, periodista y escritor; Chantal Maillard, poeta y escritora; Juan Malpartida, escritor, crítico y poeta; y yo, como editor y director de la colección Voces/Ensayo de Páginas de Espuma. Además, con voz pero sin voto, mi querido amigo Alfredo Taján, escritor y poeta, y actual director del Instituto Municipal del Libro de Málaga, hizo las veces de anfitrión insuperable.
La obra ganadora fue un manuscrito que llevaba por título Topomaquias. Una vez abierta la plica correspondiente, descubrimos con sorpresa (indiferencia de algunos, protesta apasionada de otros), que el autor de la obra premiada era Vicente Luis Mora. Al autor, que reside en Albuquerque (Nuevo México, EEUU), donde es director del Instituo Cervantes, lo despertamos con una llamada premiada, a las 3 de la mañana, hora local. Su alegría por la noticia no compensó su modorra noctámbula.
Durante los siguientes meses Mora y yo nos pusimos a trabajar sobre el manuscrito, para preparar su edición. Han sido meses de llamadas de teléfono, conversaciones on line, intensas, apasionadas, polémicas y siempre gratificantes. Logramos una cubierta que nos gustó a ambos, gracias a Paul Viejo, y coincidimos en la necesidad de dotar al libro de un título de impacto, menos laberíntico y esotérico como el de Topomaquias. Así vió la luz Pasadizos, un libro collage, donde, con la escusa de la reflexión sobre la poética del espacio, los poemas de Mallarmé dan la mano y dialogan con Octavio Paz, los versos de Leopardi se entrecruzan con la poética de la Red y la Web 2.0, y la escultura de Chillida abre espacios dialógicos entre la filosofía y la poesía. Mora nos porpone una valiente reflexión sobre la arquitectura contemporánea, o nos hace visitar con la nariz una perfumería, llena de sugerencias y evocaciones.
Disfruté mucho editando este libro. Espero que tropieces con él en algún momento. Alguna de sus páginas son muy sugerentes.