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jueves, 11 de diciembre de 2008

Las maletas llenas: Libros sobre libros

A mi llegada al Aeropuerto de Guadalajara, de regreso a México D.F., tuve que resolver un problema de sobrepeso en mi equipaje. Los libros pesan, y mucho. Más cuando ocupan una maleta de 30 kilos casi hasta la mitad. Mi visita a la Feria del Libro de Guadalajara ha sido muy provechosa este año, también como lector/comprador de libros, en esta ocasión de libros sobre libros.
La parada esta vez en el stand de Libraria me ha traido una doble satisfacción: una larga charla con su responsable, Tomás Granados, director de la revista HojaporHoja y de la colección Libros sobre Libros, publicados en colaboración con Fondo de Cultura Económica. Una conversación distendida, inteligente y esclarecedora de mutuos intereses, entre ellos la crisis/cambio de paradigma que atraviesa el sector del libro en las dos orillas del Atlántico, el proyecto de Ley del Precio Fijo para el libro, a punto de aprobarse en México, o el amor a los libros sobre libros. Gracias, Tomás, por tu tiempo y tu hospitalidad. Mi compra de este año: el libro de Robert Bringhurst Los elementos del estilo tipográfico, un libro-objeto, por lo primoroso de la edición, y un libro de consulta y saciador de curiosidades tipográficas. "Las migajas [en este caso tipográficas] pueden liberar una partícula de la oculta realidad del mundo" (de nuevo Martín Cerda, y su Palabra quebrada, de la Editorial 27letras, me viene como anillo al dedo para esclarecer e iluminar mi pensamiento).

Unos metros más allá del stand de Libraria encontré el stand de Solar Editores, que publican la revista profesional Quehacer Editorial, una interesantísima revista, en formato de libro, que aglutina las opiniones de "autores, traductores, correctores, tipógrafos, diseñadores, distribuidores, libreros, promotores, bibliotecarios, en fin, ese amplio mundo de especialistas que hace llegar la palabra del autor al lector y que hemos convocado a constituir el Instituto del Libro y la Lectura". La revista va por su Número 7: Editores, lectores y globalización o la desmitificación de la cultura letrada, y cuenta con las colaboracines de Tomás Granados, Ricardo Nudelman, o Juan Domingo Argüelles, entre otros.

De Juan Domingo Argüelles, prolífico autor de libros sobre el mundo de la edición, de la lectura y de las librerías, he encontrado con agradable sorpresa en el stand de Océano su último libro, Antimanual para lectores y promotores del libro y la lectura, cuyo subtítulo no puede ser más retador, provocador y atractivo: "La utopía y el imperativo de leer". Entre otras preguntas, el autor se plantea las siguientes: "¿Para qué leer?", "¿Cómo no leer un libro?" o "¿Cómo ahuyentar lectores?". El libro promete.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Las Meninas en la FIL: El ensayo del ensayo

No te engañan tus ojos: como en un juego de espejos foucaultiano, en un eco escenográfico de Las Meninas, la foto retrata a una chica -de la que sólo vemos su pelo- en el momento en el que con la cámara de su móvil está fotografiando precisamente la escena que aparece al fondo de esta foto. La foto que contemplas -la de la chica del móvil haciendo una foto a la escena que recoge la foto de mi cámara- fue tomada en la Feria del Libro de Guadalajara, México, con motivo de la presentación de dos libros de la colección Voces/ Ensayo que dirijo en la editorial Páginas de Espuma. En la foto, seis quinceañeras se aprietan bien contra Vicente Luis Mora que, como haciéndose el desentendido con lo que sucede a su alrededor, se abstrae ensimismándose en el recuerdo de su último viaje a Venecia mirando el cartel oficial de la FIL, cuyo país invitado ha sido este año Italia.


Flanqueado por Jorge Volpi y Vicente Luis Mora, ejercí de presentador, moderador y schowman en una de las múltiples mesas redondas y actos que se ofertan durante la celebración de la FIL de Guadalajara. El título de la presentación era muy explícito: Mentiras contagiosas/ Pasadizos, haciendo referencia a sendos títulos de libros escritos por ambos autores. En el Salón Mariano Azuela, en la planta alta de la zona de Negocios de la FIL, la convocatoria de las 19:00 horas tenía previsto contar con un público escaso, de edad provecta y con un interés en el pensamiento, la filosofía y la crítica literaria. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando, bajo el cartel de "No hay cupo" (como en los estrenos musicales y/u operísticos, o en los mejores carteles de Las Ventas en la Feria de San Isidro) encontramos la sala llena hasta reventar, pero de jóvenes quiceañeras que hicieron cola para asistir a una presentación de libros de ensayo. Como moderador tuve que replantearme el enfoque de la charla, y tras los titubeos iniciales y, sobre todo, con la ayuda de los dos autores, conseguimos captar la atenciçon de nuestro público que se mostró interesado, cautivado e incluso entregado.

Con la excusa del género del ensayo literario tuve ocasión de traer a cuento las palabras del chileno Martín Cerda, que en su libro La palabra quebrada, ensayo sobre el ensayo (recientemente editado por la Editorial 27letras), nos subraya que "lo verdaderamente esencial en cada ensayo no reside en el objeto de que se ocupa, sino, más bien, en las preguntas a que lo somete discreta y, a la vez, radicalmente". Volpi y Mora se identificaron con Cerda cuando recuerda el pensamiento de Montaigne que sostiene en sus Ensayos (publicados en impecable edición por Acantilado) que "yo mismo soy la materia de mi libro". Volpi y Mora confesaron la promiscuidad en su relación con los géneros, de tal manera que necesitan, como expresión de sí mismos, visitar y ensayar indistintamente con la novela, la poesía o el ensayo literario; es más, ambos se inclinan cada vez más por la escritura híbrida, que mezcla los géneros y los proyecta con un efecto amplificador.

El escritor de ensayo, coincidieron ambos, practica la escritura fragmentada o fragmentaria, y ambos compartieron con Cerda la opinión de que "el ensayista disiente casi por definición sobre todo de las conclusiones fáciles que reclutan adherentes a granel, [...] en este movimiento incesante, el ensayista erosiona cuanto escribe [...] con ello se coloca en la posta de la libertad".

El cine de Orson Welles, la poesía de Leopardi o Mallarmé, el lenguaje arquitectónico más vanguardista, la novela como género, la creación del espacio poético, el diálogo entre arte y arquitectura, la novela como virus, la obra de Bolaño, son ejemplos de las obsesiones que han suscitado la reflexión y el rumie de Volpi y Mora. En la presentación desplegaron un diálogo creativo que sedujo a una audiencia atípica, quinceañera y entregada a la tecnología móvil que, si algo sacó en claro es que el ensayo no responde al tópico sesudo que se había imaginado, y que un autor de ensayo literario no tiene porqué ser un viejo sesentón y canoso, encerrado en su despacho y aislado del mundo. El escritor de ensayo puede tener tanto tirón mediático como un cantante pop, al menos en el imaginario colectivo de estas quinceañeras del estado de Jalisco.

martes, 9 de diciembre de 2008

Italianos en la FIL: Centenario Edmondo De Amicis


Un año más he tenido ocasión de visitar la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en la ciudad de Guadalajara, estado de Jalisco, en México. Este año, el país invitado de la Feria ha sido Italia. Se han echado mucho de menos a sus autores vivos; sorprendentemente, parece que los responsables de la cultura italiana han reaccionado tarde y no se han percatado de la importancia de una de las ferias del libro más importantes del mundo, por lo que la presencia en la feria de medios y autores italianos ha sido discreta.

En el stand de Italia, con un despliegue modesto, se han ofertado, en una librería improvisada y con poca gracia, ediciones en español de algunas de las obras más significativas de la cultura, el pensamiento y la literatura italianas. Sí, no han faltado las obras de Dante, de Maquiavelo, de Italo Calvino o de la actual Melania G. Mazzucco, pero ofertadas en pilas desiguales y sin concierto, en un batiburrillo desordenado y con una puesta en escena pésima.

Lo que más me ha llamado la atención es que, en el año del centenario de su muerte, el gran ausente de la Feria ha sido Edmondo De Amicis (1846-1908), autor que parece ser ignorado por sus compatriotas, o peor, cultura italiana que desgraciadamente sufre de amnesia y olvida a uno de sus más internacionales escritores, al menos, hace unas décadas. Es como si en españa olvidáramos a un Galdós o a un Larra.

Mi interés por De Amicis no responde a la simple curiosidad. Amicis, más allá del olvido y del tópico, es uno de los maestros de la literatura de viajes. Paul Bowles, otro maestro del género, distinguía entre el turista y el viajero. Amicis es, sin lugar a dudas, la antípoda del primero y la encarnación del segundo. En sus libros de viajes España (1873), Recuerdos de Londres (1874), Recuerdos de París (1878), o Constantinopla (1879), logra transmitir la pasión por el viaje y el deseo de aventura.
Mi afición por De Amicis me ha llevado a publicar alguno de sus libros en la editorial Páginas de Espuma. Lejos de un interés por lo inédito -no es mi guerra-, y trascendiendo la ocasión del centenario -que ha pasado sin pena ni gloria en los medios-, lo que me interesa de este autor es el género en sí que practica: esa mezcla inigualable entre el ensayo, el artículo periodístico, la crónica de viajes, el libro de aventuras.
En su libro Recuerdos de Londres y París, en su visita a Londres, Amicis se abandona a los placeres del observador, optimista y fascinado por las dimensiones de la metrópoli del Imperio británico. Constata que las ciudades son libros que se leen con los pies; así, a sus ojos, Londres conserva los rincones y en ella aún se reconocen los personajes de las novelas de Dickens; pero al italiano, ajeno al oscuro spleen baudeleriano, le atraen, en un anticipo de la mejor crónica benjaminiana, los docks del Támesis, donde atracan los grandes barcos de vapor. En Recuerdos de París, Amicis describe la esencia de la vida cultural y artística parisina de la III República Francesa. La actividad de la ciudad viene vertebrada por la celebración de la Exposición Universal de París de 1878, que capta la atención de todo el mundo.

Aún entusiasta del arte y la tecnología expuestos en el Trocadero, Amicis hará su particular y propio peregrinaje literario, al entrevistarse con dos de los iconos más significativos de la literatura francesa del siglo XIX: Victor Hugo, representante indiscutible del romanticismo, y Émile Zola, el líder más carismático del naturalismo. A ambos les dedica páginas apasionadas, llenas de admiración, con un fino estudio de sus caracteres y de su obra.
Amicis es un autor paradójicamente desconocido por el público; a todo el mundo le suena Corazón: a unos, porque rondan los sesenta y los setenta años y les "obligaron" a leer el libro, un best seller en su época; a otros, porque nos criamos con Marco, a otros porque vieron la película... Pero Amicis es un escritor ampliamente desconocido, sobre todo en su faceta de escritor de literatura de viajes. Gracias a Pamuk descubrí su Constantinopla, un libro que ya ha leído en nuestra edición bastante gente, que además se lo lleva en la maleta cuando viajan a Turquía y visitan Estambul. De Amicis, ya un clásico, no decepciona.
Una vez finalizada mi estancia en la FIL, marché a México D.F., donde practiqué una de mis aficiones más preciadas: la visita a librerías de viejo. En una de ellas, la Librería El Volador, en la delegación de Coyoacán, (calle Carrillo Puerto 48), tuve oportunidad de rendir mi particular homenaje a De Amicis. Tras rastrear sus abarrotadas estanterías durante un rato, logré localizar en la sección de literatura, por la A, un ejemplar de su libro España, en una edición publicada en Barcelona en 1906 por la casa editorial Maucci, en traducción de Cátulo Arroita. La promesa de la librería no era incierta: bajo el lema "Libros desde 10 pesos hasta joyas bibliográficas", El Volador me ofreció en mi primera visita esta joya, al menos para este bibliómano o bibliópata, y por tan sól 80 pesos (menos de 6 euros).
El ejemplar, con encuadernación holandesa, fatigado y con magulladuras importantes, fruto del tiempo y la humedad, con manchas de óxido, viene firmado por uno de sus primeros propietarios, "Augusta", y fechado el 18 de febrero de 1906. Sus prietas 432 páginas nos narran las aventuras del autor en sus derroteros por Barcelona, Zaragoza, Burgos, Valladolid... hasta Valencia. Para los que deseis leer el libro, estais de suerte: existe una versión más moderna, publicada por la Editorial Miraguano, en traducción de Augusto Suárez de Figueroa.
Los verdaderos protagonistas de la Feria, no obstante, como un año más, han sido sus visitantes no profesionales, la mayoría de ellos jóvenes, que a partir de las cinco de la tarde guardaban enormes colas para poder entrar, previo pago (20 pesos mexicanos), a las instalaciones de la FIL, como puedes comprobar a mi derecha en la foto. Efectivamente, la FIL sigue siendo la fiesta de los libros.
Aún os contaré más cosas de la FIL en otra entrada.